La tercera es la vencida para Álvaro Ortiz

Fuente: La Nación.

Como si una ola del hipnótico mar Caribe hubiera saltado sobre el green del hoyo 18 del Teeth of the Dog, los compañeros de Álvaro Ortiz se abalanzaron sobre él apenas consumó la victoria y lo bañaron en agua y champagne. Uniformados con remeras verdes agua, los nueve representantes de México festejaron el título como propio.

El premio por ganar el Latin America Amateur Championship en Casa de Campo el domingo es sólo para Ortiz: cumplirá su sueño de jugar el Masters Tournament en abril próximo. El mérito, no obstante, es de todo el golf mexicano, que atraviesa un momento excepcional. Esta conquista no hace más que rubricar su liderazgo a nivel regional.

“Se puede decir que estamos cosechando lo que sembramos en los últimos 10 años. Estamos trabajando mucho con los infantiles y los juveniles”, explicó exultante Jorge Robleda, presidente de la Federación Mexicana de Golf, en medio de los festejos. “Tenemos una estructura territorial. Cada una de las siete zonas regionales, pero también tenemos seis torneos nacionales. Y tenemos 250 premios de estímulo para que esos niños representen a México en los torneos internacionales. Y éste es el producto. El roce internacional, el estar ahí significa que están preparados para sobreponerse a los momentos difíciles”.

Ortiz, de sólo 23 años, contó que estuvo a punto de dar el salto al profesionalismo pero postergó su decisión para buscar revancha en el LAAC. En cuatro participaciones previas acumulaba un tercer puesto (en 2015 detrás del costarricense Paul Chaplet y el argentino Alejandro Tosti) y dos subcampeonatos tras iniciar puntero al último día: en 2017 cayó en el playoff con el chileno Tomás Gana y el año pasado vio como Joaquín Niemann le birlaba el título con una gran vuelta final.

“Sabía que debía intentarlo una vez más”, contó. “Estuve a punto de hacerme profesional antes, jugar el Tour de Canadá, pero las cosas se dieron de esta forma. Me mantuve como aficionado para jugar el LAAC y el sueño se hizo realidad”.

Así, el pupilo de Louisiana State University será el primer mexicano en 40 años en jugar en Augusta National. El último había sido Víctor Regalado, en 1979. Además ganó exenciones para jugar el US Amateur, The Amateur Championship y las clasificaciones finales para ingresar a The Open y el US Open. “Estoy emocionado con esta oportunidad. Espero jugar bien y pasar el corte”, dijo. ¿Con quién le gustaría jugar una ronda de práctica en Augusta National? “Espero que pueda jugar con mi hermano, si se clasifica”, respondió. “Podría ser con Jason Day, que juega muy bien ahí, o con algún latinoamericano. Estoy feliz de haber llegado ahí y tener la posibilidad de aprender de tan grandiosos jugadores”.

Álvaro es el hermano menor de Carlos, uno de los cuatro mexicanos con tarjeta en el PGA Tour junto a Abraham Ancer, José de Jesús Rodríguez y Roberto Díaz. Una cifra récord. El fenómeno también se extiende en las damas, donde México tiene a una embajador como la ex n°1 del mundo Lorena Ochoa, que se traduce en dos jugadoras en el LPGA Tour: Gaby López (ya ganó un título) y María Fassi.

“Lo que está pasando en el golf mexicano rompe todos los esquemas de lo que ha pasado jamás”, afirma Lily Álvarez, CEO de Impulsando al Golf Porfesional Mexicano (IGPM), un programa destinado a ayudar a las chicas mexicanas que salen de la universidad y quieren llegar a los principales circuitos profesionales. “Les damos un empujoncito para que puedan llegar más rápido. Lorena Ochoa, con mucha humildad y predisposición, nos da una mano enorme”.

Ortiz se hará profesional tras su participación en el Masters, aunque más allá de que todavía no perciba dinero no hay dudas que fortaleza mental tiene. El domingo tuvo que apelar a ella para que no se repitiera la historia de años anteriores. El sábado, tras asaltar la punta, había afirmado que su plan era arrancar fuerte, sacar ventaja rápido y jugar sereno los últimos 9 hoyos. Pero pese a que sus compañeros se bajaron pronto de la lucha (el peruano Luis Barco y el chileno Agustín Errázuriz), Ortiz sólo pudo hacer un birdie de ida y el costarricense Luis Gagne lo pasó por dos con siete birdies en 14 hoyos.

En el hoyo 9 Ortiz salvó el par con un largo putt. “Sentí como un déjà vu. En el tee de 10 me dije que era mi momento, que lo del año pasado no me iba a pasar de nuevo, que era el mejor y nadie me iba a sacar el sueño”. Hizo águila con tres tiros perfectos en el 12 y lo rubricó con birdie al 13 para empatar la punta, que tomó en solitario cuando Gagne hizo su primer bogey en el corto pero engañoso par 4 del 17 (296 yardas). Un magistral segundo tiro en ese mismo hoyo, para dejar la pelota dada desde 91 yardas, sentenció el campeonato. “Creo que tuve un poco de suerte en ese tiro. Tuve paciencia y confié en el proceso”, continuó. “Uno aprende de los momentos difíciles. En Panamá [LAAC 2017] sentí que perdí el campeonato por mis emociones. Miro esos momentos y me doy cuenta que demostrar emociones afecta. Hay que estar calmado. Quería terminar menos nervioso al final, pero al final es gratificante. Se siente bien finalmente levantar el trofeo. No puedo creer que finalmente lo hiciera y que voy a jugar el Masters.”

Ortiz terminó con 274 golpes (-14), dos menos que Gagne y récord para los 72 hoyos en la cancha y para las cinco realizaciones del LAAC. Ahora lo espera Augusta National, donde volverá a flamear la bandera mexicana. No es casualidad.

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